Imagina que eres una de esas personas cuyo máximo hito culinario ha resultado del buen uso de un robot de cocina; ahora imagina que alguien te pide que elabores un plato digno de la guía Michelin. Si aceptas el reto, las posibilidades de un fracaso estrepitoso son elevadas.

Lo mismo ocurre con la conciencia medioambiental en la industria (y con prácticamente todo en la vida); si no empezamos por lo fácil, difícilmente podremos implantar procesos industriales sostenibles. O lo que es lo mismo, mejor no empezar la casa por el tejado.